Carolina, sesión 1

 

 

Hola Caro, bienvenida a la página de tu primera sesión de clases de música. Después de cada clase te mandaré el link a tu nueva página, y podrás tener acceso a la lista general de sesiones en está página.

En primer lugar, te comparto tus propias notas 😉  ya que las dejaste en mi casa. Eso te ayudará como recordatorio de algunas cuestiones que vimos en la clase.

 

             

Y ahora, el video con el ejercicio de digitación. Algunas recomendaciones para esta práctica:

    • Pon atención a los dedos que van guiando: de ida, el índice; de regreso, el meñique. ¿Qué tan fácil es hacerlo con uno y con otro?
    • ¿Qué tan claras suenan las notas conforme vas avanzando en el diapasón?
    • ¿Qué tanto puedes mantener tu atención en el ejercicio sin que tu mente se vaya a otra parte?

 


Y el video donde puedes ver la escala de C que estuvimos ensayando. Algunas recomendaciones:

      • No se trata de hacerla con velocidad, sino con precisión y belleza.
      • Construye poco a poco el conocimiento: primero haz la escala nota por nota y una vez que la tengas clara, comienza con la versión más elaborada de la escala donde usas las otras cuerdas en el arpegio.
      • Canta las notas mientras las vas dando.
      • No olvides asignar un dedo para cada traste, mantén esa práctica presente y observa cuando tus hábitos antiguos quieran interferir.
      • Practica, practica, practica.

 

Finalmente, te comparto un texto de Eduardo Galeano, una metáfora bella a través de la historia de un músico:

 

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La música

Eduardo Galeano

Era un mago del arpa. En los llanos de Colombia, no había fiesta sin él. Para que la fiesta fuera fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí, con sus dedos bailanderos que alegraban los aires y alborotaban las piernas.

Una noche, en algún sendero perdido, lo asaltaron los ladrones. Iba Mesé Figueredo camino de una boda, a lomo de mula, en una mula él, en la otra el arpa, cuando unos ladrones se le echaron encima y lo molieron a golpes.

Al día siguiente, alguien lo encontró. Estaba tirado en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo, con un resto de voz:
– Se llevaron las mulas.
Y dijo:
– Y se llevaron el arpa.
Y tomó aliento y se rió:
– Pero no se llevaron la música.

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